El masculinismo es un conjunto de ideologías que se encuentran entre las corrientes de los movimientos masculinos. Consiste en teorías sociales, movimientos políticos y filosofías morales que se basan sobre todo en las experiencias de los hombres. Su equivalente para las mujeres es el feminismo. Aunque el masculinismo proporciona una crítica general de las relaciones sociales, muchos de sus proponentes también pretenden analizar la desigualdad de género y promover los derechos, intereses y preocupaciones de los hombres. Los masculinistas ven esta ideología como una visión igualitaria de las cuestiones de género, aunque enfocada en las experiencias de los hombres.
primera respuesta secular ante el feminismo provino de Ernest Belford Bax, un teórico en la cúspide del socialismo de comienzos del siglo XX, y socio de Carlos Marx. Bax escribió El Fraude del Feminismo en 1913, que en esencia era el primer texto masculinista, cuyos capítulos llevaban títulos como La Cruzada Anti-Hombre, Siempre las Inocentes Heridas y La Falsa Caballerosidad. Otro posible texto temprano, que abarca varios temas aún vigentes, fue el libro de posguerra En Defensa de las Mujeres, por H. L. Mencken. En su forma moderna, el masculinismo ha evolucionado como respuesta a los papeles cambiantes de las mujeres. El activismo feminista a favor de las mujeres profesionales condujo a una campaña similar a favor de los padres. Por ejemplo, luego de varios programas de televisión de los años 70 sobre mujeres trabajadoras, se produjeron numerosas series sobre padres solteros, además de la película Kramer contra Kramer, que explora el tema de la custodia infantil. Sin embargo, el masculinismo no se limita a ser una respuesta frente al feminismo. Aunque algunas ideas masculinistas están enfrentadas con la visión feminista, existen muchos temas, como la paternidad y el servicio militar obligatorio, que han sido identificados como preocupaciones masculinas en sí mismas. Warren Farrel es en la actualidad el autor más notable en el uso del término "masculinista".
Los masculinistas mencionan leyes sesgadas, aplicación selectiva de las mismas y la negación de sus derechos civiles como ejemplos de discriminación contra los hombres, tanto adultos como jóvenes. Otros ejemplos incluyen:
Las preocupaciones masculinistas se enfocan en la aceptación social de la violencia dirigida hacia los hombres, junto con el estigma contra la violencia dirigida hacia las mujeres, además del hecho de que se enseña a los hombres, y después se espera de ellos, que se comporten violentamente.
- Los hombres son obligados a arriesgar sus vidas en el servicio militar obligatorio exclusivamente masculino.
- Se concede más importancia a las descripciones de violencia contra las mujeres (por ejemplo, el cliché "ni con el pétalo de una rosa").
- Los padres condicionan a los muchachos en papeles agresivos y a las chicas en papeles protectores (por ejemplo, soldados de juguete y muñecas maternales).
- En los medios, la violencia contra los hombres suele presentarse jocosamente.
- Los artículos noticiosos especifican cuando un acto violento se dirigió contra mujeres o niños, lo que da a entender que sus vidas valen más que la de un hombre.
- Se suele asumir la inocencia de las mujeres, y se las trata con más consideración, lo cual puede producir castigos desproporcionados para crímenes similares, acusaciones de violencia doméstica contra hombres agredidos, y más chicos que chicas muertos por sus padres.
- La incapacidad de la sociedad para resolver asuntos como las violaciones en las cárceles.
- Paternidad
- Igualdad en los derechos de custodia.
- Embarazos llevados a término a pesar de acuerdos previos sobre su terminación, lo que somete a los hombres a responsabilidades parentales no deseadas y/o expectativas sobre la manutención de los hijos.
Los masculinistas creen que debe haber paternidades iguales sin importar la división laboral en el matrimonio; se oponen a actitudes como la expresada por la Comisión Australiana sobre Discriminación Sexual, en el sentido de que la igualdad de custodia debe comenzar con "tiempo igual de paternidad, dejando intacto el matrimonio", es decir, que sólo cuando los hombres trabajan medio tiempo debe dárseles a los padres la misma oportunidad que a las madres de cuidar a sus hijos después de una separación
Paternidad
- Igualdad en los derechos de custodia.
- Embarazos llevados a término a pesar de acuerdos previos sobre su terminación, lo que somete a los hombres a responsabilidades parentales no deseadas y/o expectativas sobre la manutención de los hijos.
Los masculinistas creen que debe haber paternidades iguales sin importar la división laboral en el matrimonio; se oponen a actitudes como la expresada por la Comisión Australiana sobre Discriminación Sexual, en el sentido de que la igualdad de custodia debe comenzar con "tiempo igual de paternidad, dejando intacto el matrimonio", es decir, que sólo cuando los hombres trabajan medio tiempo debe dárseles a los padres la misma oportunidad que a las madres de cuidar a sus hijos después de una separación
Discriminación
- Legislación que toma en cuenta las necesidades de las mujeres sin considerar necesidades equivalentes en los hombres.
- Prejuicios contra los hombres en el sistema judicial, como condenas más largas por los mismos crímenes.
- Aplicación más severa de la ley cuando en una violación la víctima es mujer y el culpable es hombre.
- Las leyes que separan a las víctimas de los acusados pueden impedir que los hombres acusados de violación tengan un juicio justo.
- En algunos estados, las mujeres pueden casarse a menor edad que los hombres.
Sociedad
- Falta de defensa de los derechos de los hombres; mayor número de programas sociales a favor de las mujeres que de los hombres.
- Agencias especiales del gobierno para ofrecer asistencia a las mujeres, sin oficinas equivalentes para los hombres.
- Hombres encarcelados por no poder pagar la manutención de sus hijos.
- Falta de normatividad sobre fraudes de paternidad.
Salud
- Relativa falta de fondos para la salud masculina; se dirige mucho más dinero para financiar causas femeninas (por ejemplo, se investiga más el cáncer de seno que el cáncer de próstata).
- Opciones limitadas de anticoncepción masculina.
- La circuncisión está extendida y aceptada en los bebés varones, mientras que la circuncisión femenina se considera inmoral, cuando no ilegal.
Educación
- Carencia de asistencia educativa para los jóvenes varones, dado que su desempeño en los niveles superiores es menor al de las mujeres. En algunos estados es legal tener escuelas femeninas, pero no escuelas masculinas.
Existe la preocupación de que en algunas universidades los programas de estudios femeninos se ocupan más en enseñar ideología feminista que igualdad de género. El contenido y énfasis de estos cursos varía, y algunos incluso tratan sobre masculinidad, pero los masculinistas temen que muchos de estos cursos inciten a la hostilidad contra los hombres. Algunas universidades también llevan a cabo programas sobre estudios masculinos. Hay feministas que sostienen que estos cursos son redundantes, pues a través de la historia la academia se ha enfocado predominantemente en los hombres. Quienes apoyan estos cursos señalan que la mayoría de los temas no tiene que ver directamente con estudios de género.
Empleo
- En muchas ocupaciones los criterios de admisión son más duros para los hombres, como en el ejército, la policía y los bomberos. Los masculinistas sostienen que el exigirles a los hombres en estos trabajos que tengan más fuerza física que las mujeres les impone a ellos una mayor carga de trabajo físico por el mismo pago.
- Existe desigualdad en la protección social de las licencias laborales paternas en comparación con las licencias maternas.Variaciones de la ideología masculinista
Como sucede con la mayoría de los movimientos sociales, no hay consenso acerca de lo que constituye exactamente el masculinismo. Para algunos, el término describe la creencia de que los géneros masculino y femenino deben considerarse complementarios y necesariamente interdependientes. Tales expresiones de masculinismo se construyen sobre la idea de que los papeles de género diferenciados son naturales y deben estar libres de interferencia gubernamental. Otros masculinistas, como Warren Farrell, apoyan una ideología de equivalencia entre los sexos en lugar de la creencia en diferencias inalterables. Una definición más abarcadora sería la de "un movimiento para facultar a los hombres en la sociedad y para reparar la discriminación contra los hombres". Como es el nombre de un movimiento político y social, el masculinismo suele considerarse sinónimo de los movimientos por los derechos de los hombres o por los derechos de los padres. Sin embargo, muchos de los movimientos por los derechos de los padres distinguen con claridad entre el masculinismo y sus propios enfoques, con frecuencia variados, acerca de las relaciones de género. Algunos masculinistas sostienen que existe un matriarcado velado, y se fijan como una de sus metas destronarlo, y elegir a políticos masculinistas, a quienes se atribuirían motivaciones más altruistas. Teóricos como David Constantine visionan cambios estructurales en la tributación u otras áreas para compensar lo que les parecen diferencias y expectativas naturales entre los géneros. Los roles de los géneros en la religión son una fuente de desacuerdo entre masculinistas: algunos apoyan un papel de liderazgo general para los hombres, mientras que otros defienden una igualdad relativa entre los géneros. Los masculinistas liberales, como Warren Farrell, tienden a apoyar una posición secular y neutral, mientras que los conservadores prefieren el enfoque religioso, como el presentado en La Inevitabilidad del Patriarcado, de Steven Goldberg. Los conservadores pueden promover un "Nuevo Patriarcado" contrarrestando la ideología feminista con la suya propia. Esta dinámica entre liberales y conservadores ilustra la diversidad de un movimiento que, no obstante, tiene el propósito común de promover el bienestar de los hombres.
La visión conservadora
Los masculinistas conservadores tienden a creer que las diferencias profundas entre los géneros son inherentes a la naturaleza humana. Creen que las feministas que han denunciado los roles de género diferenciados como construcción artificial opresiva están llevando a cabo un ejercicio falaz al tratar de negar esas diferencias por la legislación y otros medios (muchos no masculinistas son de la misma opinión). Muchos conservadores creen que el feminismo ha desempeñado un papel en las altas tasas de divorcio, alienación de los géneros, chauvinismo femenino, timidez sexual en los hombres, desintegración de las comunidades, hijos sin padres, deserción escolar, drogadicción, consumismo, embarazos adolescentes, suicidios de hombres, crímenes violentos (en especial asesinato), comportamiento irascible al volante y hacinación carcelaria. Los críticos de las leyes igualitarias (comenzando con la Civil Rights Act de 1964 en los Estados Unidos) creen que éstas han ayudado a dar preponderancia a la ideología feminista, y que esas leyes sirven principalmente a las mujeres y han creado una significativa discriminación anticonstitucional contra los hombres. Aunque algunas feministas luchan contra el "omnipotente patriarcado", los masculinistas conservadores tienden a considerar el patriarcado como resultado inevitable de las diferencias biológicas entre los sexos. Algunos no aceptan la visión de que las mujeres sean víctimas indefensas ante la opresión patriarcal; ellos sugieren que las feministas usan esta idea para cortar los derechos de los hombres y justificar su actitud negativa hacia ellos. Según estos masculinistas, esto ha producido un matriarcado velado, ayudado por la caballerosidad hacia las mujeres, que en sí misma contradice el argumento de la opresión. En el extremo se encuentran quienes sostienen que el poder masculino es un derecho divino, y exigen el retorno a un patiarcado responsableLa visión liberalLos liberales tienden a ver el masculinismo como un movimiento complementario al feminismo, la llamada "Nueva Masculinidad". Tanto el feminismo como el masculinismo se ven como intentos de corregir las desventajas inducidas por los papeles de género. Mientras que las feministas atienden los asuntos en donde la mujeres se sienten en desventaja, como la igualdad laboral en cuano a sueldos y ascensos, los masculinistas se orientan hacia las áreas en las que perciben desventajas para los hombres, como el divorcio, la custodia, la salud, la educación y el sistema judicial y carcelario. Estos masculinistas pueden hacer objeciones a aspectos específicos del feminismo o a las visiones expresadas por grupos feministas específicos, pero no rechazan el feminismo como concepto ni creen que el movimiento feminista como un todo sea hostil al masculinismo. Muchas feministas tienen prevenciones contra el masculinismo, considerándolo como un movimiento reaccionario y hasta misógino, incompatible con el feminismo. Otras aceptan que feministas y masculinistas son aliados naturales contra un enemigo común, el sexismo, que puede ser tan dañino para los hombres como lo es para las mujeres. Por ejemplo, Warren Farrell sostiene en El Mito del Poder Masculino que ambos géneros se ven perjudicados por los roles "bisexistas" del pasado: un sexismo que oprime a los dos géneros. Él se enfoca en la compatibilidad de los movimientos: "Uso dos tribunas: el Doctor Farrell, el masculinista, y el Doctor Farrell, el feminista". Fred Hayward, en su discurso al Congreso Nacional por los Hombres en 1981, afirmó que "No debemos revertir el movimiento de las mujeres; debemos acelerarlo... [La liberación de los hombres] no es un retroceso, pues no hay nada en los roles sexuales tradicionales a lo que yo desee regresar". Esto sugiere que el masculinismo en cierta forma puede ayudar al movimiento de las mujeres. Las feministas lo han recibido con ánimo y con prevenciones. Muchas feministas creen que los hombres son opresores por naturaleza. Algunas creen que la presencia de los hombres amenazaría el espacio que las mujeres necesitan para hacerse oír, o que una presencia creciente de hombres en el movimiento feminista desplazaría sus voces. Otras dan la bienvenida a los intereses masculinos en el movimiento de las mujeres como algo importante para la erradicación del sexismo en la sociedad. Del mismo modo, los igualitaristas piden que tanto masculinistas como feministas que estén verdaderamente interesados en la igualdad se unan bajo el estandarte del igualitarismo de género. Esta filosofía simpatiza con las quejas legítimas hechas por hombres y mujeres.